2012, un nuevo sistema de proyección digital llamado DCP inunda las pantallas de los cines de todo el mundo. Los principales estudios de cine anuncian su intención de abandonar el formato celuloide. lanzando sus nuevos proyectos sólo en formato digital. Kodak entra en bancarrota y los laboratorios de cine dejan de procesar películas fotográficas. La muerte del celuloide resuena más alta y firme que nunca.

Ha estado dentro de la mente de criminales, ha vivido algunas historias espectaculares de amor e incluso ha vuelto a ser una niña de nuevo. Cuesta encontrar gente tan apasionada de su trabajo. La historia de Cinema Paradiso (uno de los clásicos del cine) es real. La historia de Eva von Schweinitz es la de una joven adolescente alemana que se enamoró de la magia del cine y aprendió el oficio de proyeccionista.

Ella ha vivido duros cambios de la industria del séptimo arte. Su nostalgia y el auge de los nuevos formatos digitales le han llevado a crear un emotivo cortometraje documental (A Film is a Film is a Film) sobre el formato celuloide y los últimos románticos que aún reparan los viejos proyectores de cine. ¿Alguna vez has usado una cámara de 16mm? ¿Qué se siente al tener entre las manos una cámara de 16mm? Eva se excita: “El instante en el que empiezas a grabar es genial. La cámara comienza a realizar sonidos como brrrr click click, brrrr click click. La sensación que produce el darse de cuenta de que estás grabando; en ese momento es obvio. Hay una cierta energía… ¡Yeah! La película fotográfica se mueve a través de la cámara”.

– Has pasado muchos años trabajando como proyeccionista en un cine, ¿cuántas películas has podido ver en toda tu vida?

¡Oh dios! No sería capaz de decirte cuántas. Demasiadas. Aunque hay ocasiones en las que realmente intento no enterarme del argumento de una película en el trabajo por que quiero verla después con más calma. En la cabina de un proyeccionista ves las cintas desde la distancia, en un pequeño cuarto a través de una pequeña pantalla y el sonido que llega no es demasiado bueno. También hay veces en las que puedo estar proyectando tres películas simultaneamente y tengo que moverme de una parte a otra del cine. Y cuando vuelvo a una cinta están pasando cosas diferentes. A veces es fácil deducir qué ha ocurrido pero otras sencillamente me he perdido información crucial, por lo que intento rellenar yo misma los huecos. Es bastante divertido. He llegado incluso a correr por el cine para volver a ver una y otra vez una escena que me encanta.

– Tu documental comienza explicándonos qué es un proyeccionista de cine y podemos ver a un veterano profesional desmontando un viejo proyector. ¿Cómo ha evolucionado la profesión a lo largo de los años? ¿Aún queda trabajo para los viejos proyeccionistas?

Llevo más de una década trabajando como proyeccionista de cine. Aprendí el oficio cuando sólo tenía diecinueve años. Me picó la curiosidad cuando conocí a una persona que se dedicaba a ello y como me entusiasmaba la magia que ocurría detrás de las pantallas de cine comencé a trabajar en un pequeño cine de mi localidad. Más tarde, tuve suerte de encontrar un trabajo como proyeccionista cuando me mudé a Nueva York. Y seguimos usando el formato celuloide; pero la mayoría de las veces sólo tengo que presionar un botón en un ordenador. Estaba disgustada con la digitalización por que los cines se han visto obligados a actualizar sus sistemas y reemplazar los viejos proyectores. No tenían otra opción.

A film is a film is a film

– Al final, las historias son lo que importa. Los formatos cambiarán pero la gente seguirá consumiendo películas…

Lo que quería explorar en mi documental era: ¿es la creatividad un proceso diferente cuando trabajas con películas fotográficas? ¿Cómo cambia el proceso de pensar y trabajar en una historia? Para ello comencé a realizar experimentos con películas fotográficas e incluso conseguí una antigua cámara de 16mm. Aunque tengo que decir que desafortunadamente mi documental está grabado casi entero con una cámara digital y el metraje que rodé con la cámara de 16mm fué digitalizado. De otra manera no hubiera sido capaz de permitirme los costes. Me hubiera gustado grabar muchas más escenas en una película fotográfica pero acabé usando mucho mi cámara digital. Y esa es la dirección que mi trabajo como proyeccionista está tomando. En el fondo una parte de mi documental habla sobre la nostalgia que tengo en mi trabajo. Tocar todos los materiales y preguntarme a mí misma, espera, ¿esto va a desaparecer? Grabar en celuloide es demasiado caro y si no hay una cierta demanda los laboratorios de cine no van a poder seguir con la producción.

– Muchos objetos de la industria cultural se han convertido en objetos de culto. No es un caso similar pero en la actualidad sigo comprando discos de música en vinilo y es un formato que en los últimos años ha experimentado un crecimiento.

Hay un resurgimiento. Tres años después de empezar mi cinta tengo la sensación de que el celuloide no va a desaparecer después de todo. Pero se convertirá en un formato aún más caro. Hace un mes grabé un pequeño metraje en formato celuloide y el laboratorio de Nueva York donde lo llevaba para procesarlo había cerrado. ¡Estamos hablando de Nueva York! Tuve que revelarlo fuera de mi ciudad y pagar los gastos de envio. Esto va a desalentar cada vez a más cineastas. Gracias a directores de prestigio como Christophrt Nolan la demanda continuará siendo suficiente para que sigan existiendo laboratorios en funcionamiento. Mientras tanto, los pequeños directores que buscan experimentar en su cine van creando maneras alternativas de usar los viejos formatos. Sin ir más lejos el otro día recibí un email con el siguiente asunto: Prepárate para el apocalipsis del papel fotográfico: una introducción al trabajo en pequeños laboratorios de cine propios. Así que mantengo la esperanza.

– Tu cinta hace una defensa del celuloide, y sin embargo, ha sido grabada en formato digital. Un curioso contraste…

Un periodista escribió un artículo sobre mi documental haciendo incapié en el hecho de que este no hubiera existido sin el auge de los formatos digitales. Pensé que era una reflexión interesante. Y es que es verdad. La resistencia a los nuevos formatos fue lo que me llevó a realizar un documental sobre el tema. A dejar constancia de algo que está desapareciendo. Lo irónico que es hablamos de algo que no hubiera sido capaz de realizar sin equipamiento digital.

A film is a film is a film

– Hay una escena en la usas una vieja cámara de 16mm mientras explicas que no tienes claro si usaras algo así de nuevo. En comparación con las viejas cámaras digitales, cómo cambian las sensaciones?

Sólo grabé una pequeña pieza experimental. Cuando trabajas con una cámara digital puedes revisar el contenido y realizar cambios al momento, algo que no ocurre con las viejas cámaras. Haces cosas completamente diferentes. Tenía que estar continuamente girando la manivela de mi cámara Bolex de 16mm y sólo podía grabar en periodos de treinta segundos. Y si tengo que grabar con cámara en mano, esta puede ser muy pesada. Y en ocasiones incluso molesta. Aunque luego llega el excitante momento en el que ves por primera vez el metraje que has grabado. Para mí es algo especial. Muy especial. Aunque la última vez tuviera que esperar seis días para descubrirlo.

Ahora puedes salir simplemente con un teléfono movil y grabar una película; y también es genial. Así que no se trata de una cosa o la otra. Es algo así como el querer agarrarse a algo que puede desaparecer y tener al menos una oportunidad de explorarlo por mi cuenta.

– Para terminar, para una persona que ha visto tantas cintas. Si tuvieras que elegir, ¿cuál es la película que más te ha entusiasmado en los últimos años?

Bueno, esto es algo aleatorio pero la primera que me viene a la cabeza es Sworn Virgin. Pude verla en el último Festival de Cine Tribeca y me encantó. Habla sobre una mujer que vive en un pequeño pueblo del norte de Albania y decide vivir como un hombre por que hay muchas cosas que si no, no podría realizar en la sociedad de la que forma parte. Una historia muy interesante grabada de una manera preciosa. A través de mi trabajo en la industria del cine me enamoré de auténticos clásicos como Doce hombres sin piedad y Sorcerer, cada una brillante a su manera. También soy fan del trabajo del director Léos Carax. Y debería de mencionar también The Forbidden Room, una cinta estrafalaria pero visulamente espectacular de Guy Maddin, el defensor del celuloide, cuya obra se inspira en la época dorada del cine mudo. En una de las escenas podemos ver una alucinante lobotomía al ritmo de una genial banda sonora. Una de esas escenas en las que correría para verla una y otra vez.

Ya ves, es dificil quedarse con una sola película.

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*(Publicado originalmente en inglés la web del festival internacional de cine IN THE PALACE)