The-Kooks

 

La banda liderada por el carismático Luke Pritchard sorprende con el lanzamiento de su nuevo trabajo, algo alejado de los ritmos que les habían caracterizado a lo largo de su carrera.

¿El final de los británicos The Kooks? La formación conmocionó al mundo hace ocho años con un álbum de debut que combinaba canciones de pop guitarreras y arrebatadoras con melodías acústicas y el carisma de su vocalista. Un trabajo interesante, sin grandes pretensiones, con el que conquistaron a la crítica inglesa y se convirtieron en uno de los fenómenos del año (escenario verde en el FIB incluido).

Canciones frenéticas como Sofa Song, la estupenda She Moves In Her Own Way o la arrebatadora Naive (momento álgido disco) conformaban un álbum que sin llegar a la perfección (decaía por momentos) deparaba grandes momentos y pequeñas sorpresas. ¿Cuántos trabajos pueden decir lo mismo? Las escuchas siguen siendo interesantes. Su segundo proyecto acabó por convertirles en un fenómeno mundial. Una factura de ritmos de pop acelerados sustentados en canciones de la talla de Always Where I Need To Be o Shine On (que en España sonó hasta la saciedad hace sólo tres años al ser la banda sonora de una campaña de cervezas Mahou). Konk (2008) es un disco divertido, menos directo y aguerrido que su antecesor (que también decae hacia su final) pero mejor construido.

Y llegaría 2011. El lanzamiento de Junk Of The Heart. Nada nuevo. Un intento fallido por repetir la misma fórmula que no alcanza el nivel de sus trabajos anteriores. Sólo dos menciones: las guitarras y estribillos pegadizos de Is It Me y la fantástica versión del tema Taking Pictures Of You que nos dejó la artista malagueña Anni B. Sweet (Vale, no es el disco de The Kooks, aunque supera al tema original).

¿Y ahora? The Kooks deciden que la fórmula ya no se puede exprimir y tras permanecer varios años desaparecidos del panorama musical internacional renacen con el lanzamiento de Listen, una interesante factura de canciones de pop llenas de sonidos funk y nuevas influencias. Casi nada. Suenan los primeros compases de Around Town (Uno de los temas más interesantes del álbum) y nos damos cuenta de que nos encontramos ante algo diferente. Los ritmos funky de Forgive & Forget terminan por dejar claro la nueva dirección rítmica (un tema que sorprende según avanzan las escuchas, aunque si te gustaban The Kooks la adaptación puede ser complicada). ¿Lo mejor? El estribillo pegadizo. Yeah, you say you need someone to love you. But it ain’t me. Después de la tormenta siempre llega la calma. Los ritmos nostálgicos con influencias de los ochenta de la balada West Side son bastante interesantes. De See Me Now no puede decirse lo mismo. Una pena.

Bad Habit es el momento álgido del álbum. Inmediata, guitarrera, pegadiza. Una joya de obligada escucha que sorprende desde el primer momento. Y uno de los temas que la formación ya había adelantado hace unos meses. Lo mismo que Down, el primer sencillo que conocimos. Una de las canciones más radicales del nuevo trabajo (en comparación con sus anteriores sonidos) que pese a ganar con las escuchas acaba por reivindicarse como una pista mediocre.

The Kooks vuelven a pecar con la duración de sus trabajos. Demasiadas canciones que acaban ocasionando que por momentos el nivel decaiga. Pese a todo seguimos encontrando grandes momentos. La arrebatadora Dreams (aunque se nota la clara influencia de Naive, incluido en su debut) y los ritmos alegres de Sweet Emotion (realmente funciona), una de las grandes sorpresas.