‘Sierra está hecha de metal, es un sistema artificial. Se diseñó con simulador, para el odio y para el amor’. Sierra y Canadá no es sólo el título del nuevo álbum de los catalanes Sidonie, una de las formaciones más respetadas de la música española, también es una historia de amor asincrónico entre dos robots. El single de presentación de su séptimo disco. Un relato triste de corte futurista donde el trío reivindica su vuelta a los sintetizadores con los que comenzaron su carrera, frente al pop melódico y guitarrero de sus últimos trabajos.

Es la historia de dos seres que se enamoran. “Canadá es un segundón, como el país que está a la sombra de los Estados Unidos, mientras que Sierra es una persona fría. Como si estuviera hecha de metal, que acaba transformándose en un robot sin sentimientos”, explica Marc Ros, vocalista de la formación.

Todo comenzó con un antiguo órgano de la marca Lowrey que los barceloneses encontraron en una pequeña tienda de su ciudad cuando iban a comprar unas sillas. El mismo que Paul McCartney usó en Lucy In The Sky With Diamonds y que marca los compases de Baba O’Riley de los Who. “No queríamos hacer el típico disco de sintetizadores que está de moda, queríamos nuestro propio sonido”. “Fue el instrumento que nos llevó a abandonar las guitarras y tomar un nuevo rumbo en nuestras composiciones”, señala Marc.

La publicación de El Incendio (2009) marcó un punto de inflexión en la carrera de la formación. Sonidos más comerciales y un pegadizo single cargado de potentes guitarras que sonó en todas las radios de España pero acabó siendo detestado por la gente que había seguido toda su carrera. En El Fluido García (2011) mantenían la potencia mientras buscaban rescatar la esencia de sus primeros trabajos, pero no acabaron de dar con la tecla que convenciera al público. “El Fluido García asustó a la gente porque veníamos de El Incendio. Nos arruinamos como empresa pero salvamos los papeles. Y si nunca hubiéramos publicado ese álbum este nuevo disco no existiría”.

Toca trasladar las nuevas canciones de amor por los escenarios españoles. Una dura tarea por mantener intacta en directo la esencia de un órgano que no pueden sacar de gira: “El órgano Lowrey tiene cuarenta años y corre el riesgo de no funcionar si le das un pequeño golpe, por lo que lo hemos sampleado para la gira, pero estamos muy contentos con el resultado”, indica sonriente Marc.