La  Sonrisa de Julia 2013‘Quedan tantos viajes, tanto por recorrer… soñando. Quedan tantas noches, tanto por resolver… esperando’.

Fin del viaje de La Sonrisa de Julia. Cinco discos y más de diez años de carrera. El concierto de este viernes en la sala Joy Eslava de Madrid supone la despedida de una de las bandas más sólidas y efectivas de la escena nacional. Pop de calidad, con una producción sobresaliente y canciones efectivas que atraen a la primera escucha.

Si algo ha caracterizado a la banda a lo largo de su carrera es su capacidad para superarse disco a disco y seguir construyendo un universo sustentando en brillantes melodías, la particular voz de su vocalista Marcos Casal y uno de los directos más apabullantes que se pueden escuchar en España.

Un proyecto romántico que comenzó sin ayudas, que estuvo apunto de desaparecer antes casi de haber nacido y que acabó dando lugar a un debut autoproducido cargado de canciones de pop con influencias de la música británica, que rozaban la comercialidad, entre las que destaca el pegadizo single Llevo tu voz. Poco más que resaltar sobre Caminos Diferentes (2004).

Dos años después llegaría Volver a empezar (2006) Nuevo disco, nuevas canciones, mismo espíritu. Ahondando ya en un sonido propio, la formación sorprende con un trabajo fresco, letras más cuidadas y canciones efectivas como Soñar despiertos y El tren, otro gran éxito en su carrera, instantánea, directa y con un letra cuidada. “Ven, no tardes en llegar, pues hoy nos vamos a escapar. Hay un tren en la estación que no para en ningún lugar. Tú solo confía en mí, dame la mano y súbete”.

Euforia

Las guitarras toman protagonismo. Con el tercer trabajo llega la madurez. Bipolar (2008) es un disco sin aristas, más enérgico y bajo el amparo de una gran discográfica. Temas como Libres, la enorme Euforia (a dúo con Iván Ferreiro) y el medio tiempo Luces de Neón se convierten rápidamente en clásicos de la banda. El disco que estaba llamado a hacer grande a la formación. Un álbum poco valorado con el que alcanzaron el estatus de banda de culto.

Sin embargo, no hablamos aún de su mejor álbum. Todavía tiene mucha música en cabeza y en El hombre que olvidó su nombre introducen secciones de viento y las guitarras afiladas vuelven a tomar protagonismo. La sencillez de Puedo, el pop acelerado de Loco, la potencia de Abreme

La última parada

El viaje del sonámbulo (2014) fue su última parada. Un álbum en el que volvía su apuesta por el pop melódico que siempre les ha caracterizado. Sólo un tema diferenciador en el disco. Muévelo. “Iba a quedarse fuera al principio, porque es el tema que más se distingue de los demás, el menos sonámbulo”. Una de las mejores canciones nacionales los últimos tiempos. El single que la formación necesitaba para completar su despegue. Tremendamente pegadizo. ¡A moverlo!

El resto de canciones sigue una tónica clara, no por ello monótona y menos interesante. El juego y los estribillos pegadizos de Déjà Vu, las guitarras crecientes de El error más bello y la melancolía y la calma a la que nos tiene acostumbrados la banda, refrendada esta vez en Nadie lo sabe, entre otros temas, dan lugar a una colección de canciones que distan de ser perfectas (el final del álbum se resiente ligeramente), pero forman uno los discos de pop nacional mejor construidos de los últimos tiempos.